06 · por qué existe esto
Nací en 1976,
cuando no se
diagnosticaba nada
En los colegios de entonces no había evaluaciones, ni adaptaciones, ni palabras. Había
tres cajones: los listos, los vagos y los raros. Te metían en uno el primer día y ahí te
quedabas.
A mí me tocó entre los dos últimos. No sabía escribir bien. No sabía hablar bien.
Cambiaba unas palabras por otras que se le parecían sin llegar a enterarme de que
lo estaba haciendo, y la gente se reía.
Años después descubrí que eso tiene nombre —se llama spoonerismo— y que te
salgan solos distingue bastante bien a un adulto con dislexia de uno sin ella. Hay una
prueba de spoonerismos en el test de lectura. La puse por esto.
No podía estar quieto. Interrumpía a todo el mundo. Terminaba las frases de los demás
convencido de que les hacía un favor. Y concentrarme en algo que no me interesara era
imposible.
Nadie tenía un nombre para eso, así que me puse uno yo. Durante cuarenta años pensé que
tenía alguna tara.
Me ha costado trabajos, papeles sin presentar y perdones por cosas que no sabía que
estaba haciendo. Y me ha dado la cabeza que junta dos ideas que no tenían por qué
encontrarse. No lo cambio. Pero habría dado lo que fuera por entenderlo a los veinte y no
a los cuarenta y muchos.
Cuarenta años creyendo que el problema era yo. El problema era que nadie me
había explicado cómo funciona mi cabeza.
Aviso honesto: yo no tengo diagnóstico. No soy médico, ni psicólogo, ni
logopeda, y no te voy a diagnosticar nada. Lo que sí he hecho es montar esto con los
instrumentos que usan los profesionales de verdad, citando de dónde sale cada número y
diciendo claramente qué mide y qué no.
Hice estos tests porque son los que me habría gustado encontrar hace treinta años. Si al
terminar entiendes algo de ti que antes no entendías, esta página ya ha servido.
Sergio Roma